Con este espacio nuestra comunidad educativa conocerá todas nuestras actividades y experiencias relacionadas con el Proyecto Escuela Espacio de Paz, para mejorar la convivencia, fomentar la igualdad y el respeto a la diversidad y al medio ambiente. Un lugar abierto a la reflexión y participación.
Una vida en paz con uno mismo, en paz con el mundo,
relajada, menos estresada, compartiendo situaciones y conflictos, sabiendo
escuchar y valorando a los demás, disfrutando de todo y de todos los momentos
de nuestra vida cotidiana, con una actitud positiva en nuestras relaciones
personales, practicando la generosidad, saber escuchar, mostrándonos
agradecidos, dando palabras de ánimo, siendo honestos con nosotros mismos y con
los demás.
La TRISTEZA Y LA ESPERANZA SE MUESTRAN EN ESTE ÁLBUM ILUSTRADO
Para ello necesitamos una autoestima ajustada, ni excesiva ni baja. Con ello desarrollaremos una capacidad de resiliencia para superar y enfrentarnos a los problemas y todas las adversidades que podamos encontrarnos a lo largo de nuestra vida.
Concurso de convivencia
Haz un marca-páginas
redactando cómo es una persona sencilla. Tendrá que ser creativo,
personalizado, con un total de quince palabras. Una tira de cartulina
rectangular con un tamaño adecuado que permita señalar en un libro.
Entrega también esta hoja señalando en las casillas
correspondientes con una X los apartados que creas convenientes.
Transmite paz
Es consciente de sus debilidades
Observa los detalles
Juzga a las personas
Es acogedora
Trata despectivamente a los demás
Es problemática
Es áspera
Es hospitalaria
Piensa antes de hablar
Reconoce sus errores
Defiende sus creencias
Es crítica
Es responsable e independiente
Actúa en consecuencia
Es complicada
Es enrevesada
Es oscura
Podrá participar todo el alumnado del centro.
La fecha de entrega será hasta el día 31 de octubre.
Responsabilidad Dicho de una persona que pone cuidado y atención en lo que hace o decide. Reconozco mis fallos y rectifico. Culpar a los demás es un truco muy sencillo cuando no asumo la responsabilidad de mis actos
XXI Entonces apareció el zorro: —¡Buenos días! —dijo el zorro. —¡Buenos días! —respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada. —Estoy aquí, bajo el manzano —dijo la voz. —¿Quién eres tú? —preguntó el principito—. ¡Qué bonito eres! —Soy un zorro —dijo el zorro. —Ven a jugar conmigo —le propuso el principito—, ¡estoy tan triste! —No puedo jugar contigo —dijo el zorro—, no estoy domesticado. —¡Ah, perdón! —dijo el principito. Pero después de una breve refl exión, añadió: —¿Qué significa "domesticar"? —Tú no eres de aquí —dijo el zorro— ¿qué buscas? —Busco a los hombres —le respondió el principito—. ¿Qué significa "domesticar"? —Los hombres —dijo el zorro— tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas? —No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? —volvió a preguntar el principito. —Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa "crear vínculos... " —¿Crear vínculos? —Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo... —Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado... —Es posible —concedió el zorro—, en la Tierra se ven todo tipo de cosas. —¡Oh, no es en la Tierra! —exclamó el principito. El zorro pareció intrigado: —¿En otro planeta? —Sí. —¿Hay cazadores en ese planeta? —No. —¡Qué interesante! ¿Y gallinas? —No. —Nada es perfecto —suspiró el zorro. Y después volviendo a su idea: —Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo. El zorro se calló y miró un buen rato al principito: —Por favor... domestícame —le dijo. —Bien quisiera —le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas. —Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame! —¿Qué debo hacer? —preguntó el principito. —Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos ent endidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca... El principito volvió al día siguiente. —Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios. —¿Qué es un rito? —inquirió el principito. —Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones. De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida: —¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré. —Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique... —Ciertamente —dijo el zorro. —¡Y vas a llorar!, —dijo él principito. —¡Seguro! —No ganas nada. —Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo. Y luego añadió: —Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto. El principito se fue a ver las rosas a las que dijo: —No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo. Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles: —Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin. Y volvió con el zorro. —Adiós —le dijo. —Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos. —Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse. —Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella. —Es el tiempo que yo he perdido con ella... —repitió el principito para recordarlo. —Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa... —Yo soy responsable de mi rosa... —repitió el principito a fin de recordarlo.
Proviene del
latín respectus y
significa “atención” o “consideración”
Respeto
Trata
a los demás como quieras que te traten.
Sé
cortés y educado.
Escucha
lo que otros tengan que decir.
Respeta
las opiniones.
No
insultes a la gente, no te burles de ellos, ni les pongas apodos.
No
molestes ni abuses de los demás.
No
juzgues a la gente antes de conocerla.
Decálogo
Respeto
por los demás.
Respeto
por lo ajeno.
Respeto
al medio ambiente.
Respeta
a tus compañeros.
Respeto
a las profesoras/es.
Sigue tú...
El circo de las mariposas
No abuses es mejor no ser un guais
El príncipe feliz. Oscar Wilde
MUY por encima de la ciudad, en una columna alta, estaba la estatua del Príncipe Feliz. Estaba dorado por todas partes con finas hojas de oro, por ojos tenía dos brillantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en la empuñadura de su espada.
Fue muy admirado por cierto. "Él es tan hermoso como una veleta," comentó uno de los concejales que deseaban ganar reputación de tener gusto artístico; "sólo no tan útiles", añadió, temiendo la gente pensara que era poco práctico, que en realidad no lo era.
"¿Por qué no puedes ser como el Príncipe Feliz?" preguntó una madre sensata a su niño que lloraba por la luna. "El príncipe feliz nunca sueña en llorar para nada."
"Me alegro de que hay alguien en el mundo que es tan feliz," murmuró un hombre decepcionado mientras miraba la maravillosa estatua.
"Se ve exactamente como un ángel," dijeron los Niños la Caridad al salir de la catedral con sus brillantes capas escarlata y sus limpios delantales blancos.
"¿Cómo lo sabes?" dijo el Maestro Matemático, "nunca has visto uno."
"¡Ah!, pero hemos visto, en nuestros sueños," respondieron los niños, y el Maestro Matemático frunció el ceño y miró muy grave, porque no aprobaba niños soñando.
Una noche voló sobre la ciudad una pequeña Golondrina. Sus amigos se habían ido a Egipto seis semanas antes, pero se había quedado atrás, porque estaba enamorado de la más hermosa Gorrioncita. Que había conocido a principios de la primavera cuando volaba por el río persiguiendo una gran mariposa amarilla, y había sido tan atraído por su esbelta cintura que se había detenido a hablar con ella.
"¿Deberé amarte?" dijo la Golondrina, que le gustaba ir al grano de una vez, y la Gorriona le hizo una profunda reverencia. Así que voló alrededor de ella, tocando el agua con sus alas y haciendo ondulaciones plateadas. Esta fue su manera de cortejar, y se prolongó durante todo el verano.
"Es un accesorio ridículo," dijeron las otras golondrinas, "no tiene dinero, y demasiadas relaciones," y de hecho el río estaba bastante lleno de Gorriones. Entonces, cuando llegó el otoño, todos se fueron volando.
Después de que se fueron él se sentía solo, y comenzó a cansarse de su amada. "Ella no tiene conversación," dijo, “y me temo que ella es una coqueta, porque ella siempre está coqueteando con el viento." Y ciertamente, cada vez que el soplaba el viento, la Gorriona hacía las reverencias más elegantes. "Admito que es domestica," el continuó, "pero me encanta viajar, y mi esposa, por lo tanto, le debería gustar viajar también."
"¿Irías conmigo?" le dijo finalmente a ella, pero la Gorriona negó con la cabeza, ella estaba muy apegada a su casa.
"Has estado jugando conmigo," exclamó. "¡Me voy a las Pirámides. Adiós!" y se alejó volando.
Durante todo el día voló, y por la noche llegó a la ciudad. "¿Dónde me quedaré?"
él dijo; "Espero que el pueblo haya hecho preparativos."
Entonces vio la estatua en la alta columna.
"Me quedaré ahí arriba," exclamó, "es una buena posición, con un montón de aire fresco." Así que bajó justo entre los pies del Príncipe Feliz.
"Tengo una habitación dorada," se dijo a sí mismo en voz baja mientras miraba a su alrededor, y se preparó para dormir, pero justo cuando estaba poniendo la cabeza bajo el ala una gran gota de agua le cayó encima. "¡Qué cosa más curiosa!" gritó, "no hay una sola nube en el cielo, las estrellas son muy claras y brillantes, y sin embargo está lloviendo. El clima en el norte de Europa es realmente terrible. Al Gorrión le gustaba la lluvia, pero eso sólo era simplemente su egoísmo."
Entonces cayó otra gota.
"¿De que sirve una estatua si no puede mantener la lluvia?" dijo; "Deberé buscar una buena chimenea," y decidió volar.
Pero antes de abrir sus alas, cayó una tercera gota, y él miró arriba, y vio——¡Ah! ¿qué vio?
Los ojos del Príncipe Feliz estaban llenos de lágrimas, y las lágrimas corrían por sus mejillas doradas. Su rostro era tan bello en la luz de la luna que la pequeña golondrina se llenó de piedad.
"¿Quién eres tú?" dijo.
"Yo soy el Príncipe Feliz."
"¿Por qué lloras, entonces?" le preguntó la golondrina, "que me has empapado bastante."
"Cuando yo estaba vivo y tenía un corazón humano," respondió la estatua, "yo no sabía lo que eran las lágrimas, porque yo vivía en el Palacio de Sans-Souci, donde no se le permite entrar al dolor. Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín, y por la noche dirigía el baile en el Gran Salón. Alrededor del jardín había una pared muy alta, pero nunca me preocupé de preguntar que había del otro lado, todo alrededor mio era tan hermoso. Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz, y por cierto era feliz, si placer es felicidad. Entonces así vivía, y así morí. Y ahora que estoy muerto me han puesto aquí tan alto que puedo ver toda la fealdad y la miseria de mi ciudad, y aunque mi corazón es de plomo aún no puedo
más que llorar."
"¡Qué! ¿No es de oro macizo?" se dijo a si la Golondrina. Era demasiado cortés para hacer comentarios personales en voz alta.
"Muy lejos," continuó la estatua en una voz musical baja, "muy lejos, en una pequeña calle hay una casa pobre. Una de las ventanas está abierta, y a través de ella puedo ver a una mujer sentada en una mesa. Su rostro es delgado y agotado, y que tiene las manos rudas, rojas, todas pinchadas por la aguja, ya que ella es costurera. Esta bordando flores de pasión en un vestido de satín para la más bella de las damas de honor de la reina en el siguiente baile de la Corte. En una cama en la esquina del cuarto su pequeño niño está acostado enfermo. Tiene fiebre y pide naranjas. Su madre no tiene nada que darle solo agua del río, por lo que él está llorando. ¿Golondrina, Golondrina, pequeña Golondrina, le llevarías el rubí de la empuñadura de mi espada? Mis pies están fijos en este pedestal y no me puedo mover".
"Me esperan en Egipto," dijo la golondrina. "Mis amigos están volando alrededor del Nilo y hablando con las grandes flores de loto. Pronto irán a dormir en la tumba del gran rey. El rey está ahí mismo en su ataúd pintado. Está envuelto en lino amarillo y embalsamado con especies. Alrededor de su cuello hay una cadena de jade verde pálido, y sus manos son como hojas marchitas." "Golondrina, Golondrina, pequeña Golondrina," dijo el Príncipe, "¿te quedarías conmigo una y serías mi mensajero? El chico está tan sediento y la madre tan triste."
"No creo que me gusten los niños," respondió la golondrina. "El verano pasado, cuando me quedaba en el río, había dos muchachos maleducados, hijos del molinero, que siempre me estaban arrojando piedras. Ellos nunca me pegaron, por supuesto; las golondrinas volamos demasiado bien para eso, y además, vengo de una familia famosa por su agilidad; "pero aun así, fue una señal de falta de respeto".
Pero el príncipe feliz parecía tan triste que la pequeña Golondrina tuvo pena. "Es muy frío aquí", dijo; "pero permaneceré una noche contigo y ser tu mensajero."
"Gracias, pequeña Golondrina," dijo el Príncipe. Así la golondrina tomó el gran rubí de la espada del Príncipe y voló con ella en su pico sobre los tejados de la ciudad. Pasó por la torre de la catedral, donde había esculpidos ángeles en mármol blanco. Él pasó por el palacio y oyó el sonido de baile. Una bella muchacha apareció en el balcón con su amante. "Qué maravillosas son las estrellas," dijo el, "¡y lo maravilloso que es el poder del amor!
“Espero que mi vestido estará listo a tiempo para el Baile de Estado," respondió ella, "he ordenado pasionarias bordadas en él, pero las costureras son tan perezosas."
Él pasó sobre el río, y vio las linternas colgadas en los mástiles de los barcos. Pasó sobre el Ghetto, y vio a viejos Judios negociando entre ellos, y pesando dinero en balanzas de cobre. Al fin llegó a la casa pobre y miró hacia adentro. El niño se movía febrilmente en su cama, y la madre se había quedado dormida, estaba tan cansada. En lo que esperaba, y puso el gran rubí en la mesa al lado del dedal de la mujer. Luego el voló suavemente alrededor de la cama, abanicando la frente del niño con sus alas. "¿Cómo me siento fresco!" dijo el muchacho, "debo estar mejorando," y se hundió en un delicioso sueño.
Entonces la golondrina voló de regreso con el Principe Feliz, y le dijo lo que había hecho. "Eso es curioso," comentó, "pero me siento bastante caliente ahora, aunque hace tanto frío."
"Eso es porque has hecho una buena acción," dijo el príncipe. Y la pequeña Golondrina empezó a pensar, y luego se durmió. Pensar siempre le daba sueño.
Cuando amaneció voló hacia el río y se bañó. "¡Qué notable fenómeno" dijo el profesor de Ornitología, al pasar sobre el puente. "Una golondrina en invierno!" y escribió una larga carta al respecto al periódico local. Todo el mundo lo citó, estaba lleno de tantas palabras que no podían entender.
"Esta noche me voy a Egipto," dijo la golondrina, y tenía mucho espíritu ante la perspectiva. Visitó todos los monumentos públicos y se sentó un largo rato en el campanario de la iglesia. A donde iban los gorriones charlaban y se decían, "¡que extraño tan distinguido!” entonces lo disfrutaba mucho.
Cuando salió la Luna Rosa voló re regreso con Príncipe Feliz. "Tienes algún mandado en Egipto?" le dijo; "Ya me voy."
"Golondrina, Golondrina, pequeña Golondrina," dijo el Príncipe, "¿no te quedarías conmigo una noche más?'
"Me esperan en Egipto," respondió la golondrina. "Mañana mis amigos volarán hasta la segunda catarata. Hay calandrias junto al río entre los juncos, y en un gran trono de granito esta sentado el Dios Memnón.
LA MAS HERMOSA DE LAS DAMAS DE HONOR DE LA REINA
Toda la noche mira las estrellas y cuando la estrella de la mañana brilla él pronuncia un grito de alegría, y después calla. Al mediodía los leones amarillos bajan a la orilla del agua a beber. Tienen ojos como berilo verde, y su rugido es más fuerte que el rugido de la catarata."
"Golondrina, Golondrina, pequeña Golondrina," dijo el Príncipe," lejos de la ciudad, al otro lado veo a un hombre joven en un ático. Él está inclinado sobre una mesa cubierta con papeles, y en un vaso a su lado hay un montón de violetas marchita. Su cabello es marrón y crispado y sus labios son rojos como una granada, y tiene ojos grandes y soñadores. Él está tratando de terminar una obra para el director del teatro, pero está demasiado frío para escribir. No hay ningún fuego en la parrilla, y el hambre le ha hecho débil."
"Esperaré contigo una noche más," dijo la golondrina, que realmente tenía un buen corazón. “¿Quieres que le lleve otro rubí?”'
"¡Desgracia! Ya no tengo Rubí ahora," dijo el Príncipe; "Mis ojos son todo lo que me queda. Están hechos de raros zafiros, que fueron traídos de la India hace mil años. Arrancame a uno de ellos y llevalo a él. Él lo venderá a la joyería y comprará alimentos y leña para terminar su obra."
"Querido Príncipe," dijo la golondrina," Yo no puedo hacerlo"; y comenzó a llorar.
"Golondrina, Golondrina, pequeña Golondrina," dijo el Príncipe, "haz lo que te ordené".
Así que la golondrina arrancó un ojo del Príncipe y voló hacía el ático del estudiante. Fue fácil entrar conseguir, ya que había un agujero en el techo. Entró por el y llegó a la habitación. El joven tenía la cabeza enterrada en sus manos, por lo que no escuchó el aleteo de las alas del pájaro, y cuando miró encontró el hermoso zafiro entre las violetas marchitas.
"Estoy empezando a ser apreciado", dijo; "esto debe ser de algún gran admirador. Ahora puedo terminar mi obra", y se veía muy feliz.
Al día siguiente la golondrina voló hasta el puerto. Se sentó en el mástil de un barco grande y vio a marineros acarrear grandes cofres suspendidos con cuerdas. "¡Lo logramos!” gritaron cuando el cofre subió. "¡Me voy a Egipto!" gritó la golondrina, pero nadie se dio cuenta, y cuando salió la Luna voló hacia el príncipe feliz.
"He venido a decirte adiós", dijo.
"Golondrina, Golondrina, pequeña Golondrina," dijo el Príncipe, "¿no te quedarías conmigo una noche más?"
“Es invierno," respondió la golondrina "y el frío de la nieve pronto estará aquí. En Egipto el sol es cálido en las verdes palmeras y los cocodrilos se encuentran en el fango y se ven perezosamente a su alrededor. Mis compañeros están construyendo un nido en el templo de Baalbec, y las palomas blancas y rosadas los están viendo y arrullándose entre sí. Querido Príncipe, debo dejarte, pero nunca te olvidaré, y la próxima primavera te traeré dos hermosas joyas en lugar de las que has regalado. El rubí será más rojo que una rosa roja, y el zafiro será tan azul como el gran mar."
"En la plaza de abajo, dijo el príncipe feliz, "allí se encuentra una niña con cerillos. Se le cayeron los cerillos en el desagüe y todos se han echado a perder. Su padre la golpeará si ella no lleva algo de dinero a casa, y ella está llorando. Ella no tiene zapatos ni medias, y su pequeña cabeza está descubierta.
Arranca mi otro ojo y dáselo a ella, y así su padre no la golpeará."
"Me quedaré contigo una noche más," dijo la golondrina, pero no te puedo yo no puedo arrancar tu ojo. Quedarías totalmente ciego entonces."
"Golondrina, Golondrina, pequeña Golondrina," dijo el Príncipe, "has lo que te ordeno".
Entonces arrancó el otro ojo del Príncipe y se lanzó hacia abajo con el. Voló hacia la niña y deslizó la joya en la Palma de su mano. "¡Que pedazo de vidrio tan encantador!" gritó la niña; y corrió a casa, riendo.
Entonces la golondrina volvió al Príncipe. "Eres ciego ahora," dijo, "Por lo que permanecerá con usted siempre."
"No, pequeña Golondrina," dijo el pobre Príncipe, "te debes ir a Egipto."
"Me quedaré contigo siempre," dijo la golondrina, y se durmió a los pies del Príncipe.
Todo el siguiente día se sentó en el hombro del Príncipe y le contó historias de lo que había visto en tierras extrañas. Él le dijo acerca de los ibis rojos, que se paran en largas filas en las
orillas del Nilo y capturan peces dorados con sus picos; de la Esfinge, que es tan vieja como el mundo mismo y vive en el desierto y lo sabe todo; de los comerciantes, que caminan lentamente al lado de sus camellos y llevan perlas de ámbar en las manos; del rey de las montañas de la Luna, que es tan negro como el ébano y adora un gran cristal; de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y tiene veinte sacerdotes que la alimentan con pasteles de miel; y de los pigmeos que navegan sobre un gran lago en grandes hojas planas y están siempre en guerra con las mariposas.
"Querida pequeña Golondrina," dijo el Príncipe, "me dices de cosas maravillosas, pero más maravilloso que nada es el sufrimiento de los hombres y las mujeres. No hay ningún misterio tan grande como la miseria. Vuela sobre mi ciudad, pequeña Golondrina y dime lo que ves allí".
Por lo que la golondrina voló sobre la gran ciudad, y
LOS RICOS FELICES EN SUS HERMOSAS CASAS, MIENTRAS LOS MENDIGOS ESTÁN SENTADOS A LAS PUERTAS
vio a los ricos felices en sus hermosas casas, mientras los mendigos estaban sentados a las puertas. Voló en calles oscuras y vio las caras blancas de niños hambrientos que se miraban indiferentes en las calles negras. Bajo el arco de un puente, dos niños estaban acostados abrazados tratando de mantenerse caliente. “¡Que hambre tenemos!” dijeron. "Ustedes no deben estar aquí," gritó el vigilante, y se salieron a la lluvia.
Luego voló de regreso y dijo al Príncipe lo que había visto.
“Yo estoy cubierto con oro fino," dijo el Príncipe, "debes quitármelo, hoja por hoja y dárselo y dar a mis pobres; los vivos siempre piensan que el oro puede hacerlos felices."
Hoja tras hoja de oro fino la golondrina las levantó, hasta que el príncipe feliz se veía bastante neutro y gris. Hoja tras hoja de oro fino las llevó a los pobres y las caras de
los niños se hicieron rosadas, y reían y jugaban en la calle. "¡Ahora tenemos pan!” decían.
Entonces llegó la nieve, y después de la nieve llegó la helada. Las calles parecían como si estuvieran hechas de plata, eran tan brillantes y relucientes; carámbanos de hielo largos como dagas de cristal colgando bajo los aleros de las casas, todo el mundo vestía pieles y los niños llevaban gorros escarlata y patinaban sobre el hielo.
La pobre Golondrina tenia frío y más frío, pero no dejaba al Príncipe, le amaba mucho. Recogió migas fuera de la puerta del panadero cuando el panadero no estaba mirando y trató de mantenerse caliente agitando sus alas.
Pero por fin sabía que iba a morir. Tuvo la fuerza justa para volar hasta el hombro del Príncipe una vez más. "¡Adiós,
querido Príncipe!” murmuró, "¿me dejarías besar tu mano?"
“Me alegra que por fin, vas a Egipto pequeña Golondrina," dijo el Príncipe, "has permanecido demasiado tiempo aquí; pero debes besarme en los labios, porque te amo."
"No me voy a Egipto", dijo la golondrina. "Me voy a la casa de la muerte. ¿La muerte es la hermana del sueño, no es así?”
“Y besó al príncipe feliz en los labios y cayó muerta a sus pies.
En ese momento se oyó el sonido curioso de una grieta dentro de la estatua, como si algo se había roto. El hecho es que el pesado corazón se había partido en dos. Sin duda estaba duramente congelado.
A la mañana siguiente el alcalde caminaba por la plaza en compañía de los concejales. Al pasar por la columna miraron a la estatua: "¡Oh no!
¡que mal se ve el Príncipe Feliz!” dijo.
"¡que mal, ciertamente! Dijeron los concejales de la ciudad, quien siempre estaban de acuerdo con el alcalde; y subieron para mirarla.
"El Rubí se ha caído de su espada, sus ojos se han ido y ya, no es oro", dijo el alcalde; "de hecho, ¡está un poco mejor que un mendigo!”
"Un poco mejor que un mendigo," dijeron los concejales de la ciudad.
“¡Y aquí realmente hay un pájaro muerto a sus pies!” continuó el alcalde. "Realmente debemos emitir una proclama que no se le puede permitir a las aves morir aquí". Y el empleado de la ciudad tomó nota de la sugerencia.
Así que bajaron la estatua del príncipe feliz. "Como ya no es hermosa ya no es útil," dijo el profesor de arte de la Universidad. Luego fundieron la estatua en un horno, y el alcalde mantuvo una reunión de la Corporación para decidir lo que iba a hacerse con el metal. "Nosotros debemos tener otra estatua, por supuesto," dijo, y será una estatua mía."
“Mia," dijo cada uno de los concejales de la ciudad, y discutieron. La última vez que oí de ellos aún discutían.
"¡Qué cosa tan extraña! ', dijo el supervisor de los obreros de la fundición. "Este corazón de plomo roto no se derrite en el horno. Nosotros deberemos tirarlo." Así que lo lanzó en un montón de desperdicios donde la golondrina muerta también estaba.
"Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad," dijo Dios a uno de sus Ángeles; y el ángel le llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.
"Has elegido correctamente," dijo Dios, " ya que este pajarito deberá cantar para siempre para en mi jardín del paraíso y en mi ciudad de oro el príncipe feliz me alabará."
Dar trato
de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos,
políticos, etc.
La intolerancia, el rechazo y la ignorancia en la
mayoría de los casos son determinantes para el nacimiento de conductas
discriminatorias.
El término discriminación se refiere al acto
de hacer una distinción o segregación que atenta contra la igualdad.
Ilustraciones Marie Desbons
Quienes discriminan dan un trato diferente o inferior a
personas, organizaciones y estados.
Muchas veces este rechazo se manifiesta con miradas odiosas o con la
falta de aceptación en lugares públicos, trabajos o escuelas, acciones que
afectan a la persona rechazada.
Nelson Mandela
En su toma de posesión el 10 de mayo 1994 como presidente
electo de Sudáfrica pronunció uno de los discursos más cortos y más bello de la
humanidad y citó el siguiente poema, escrito por: Marianne Williamson.
Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados,
nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite.
Es nuestra luz, no la oscuridad lo que más nos asusta.
Nos preguntamos ¿quién soy yo para ser brillante, precioso,
talentoso y fabuloso?
En realidad ¿quién eres tú para no serlo?
Eres hijo del universo.
El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo.
No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas
cerca de ti no se sientan inseguras, nacemos para hacer manifiesto la gloria
del universo que está dentro de nosotros.
No solamente algunos de nosotros, está dentro de todos y
cada uno.
Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz,
inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo, y al
liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los
demás.
Expresa tu opinión, interpreta el video. En esta ocasión nuestro cuento es un reportaje de el diario El País Reportaje "Ser negro en España" y opina sobre este artículo.
Una persona solidaria es la que se implica con un
compromiso, no solo ofrece ayuda. Ser desinteresado, ayudar sin recibir nada a
cambio.
Texto: Los humanos vistos por un extraterrestre
Prefiero no dar mi nombre, ya que mi situación actual es algo delicada. Sepa el lector que he sido castigado a convivir, durante un periodo de cinco años, con los habitantes de un planeta (la Tierra) de costumbres salvajes.
Ya hace un año que fui abandonado por mis verdugos en un descampado de un territorio que pertenece a un Estado que se llama España.
Los terrícolas tienen la curiosa costumbre de dividir el espacio que habitan en Estados, es decir en tierras gobernadas por unas mismas autoridades; a dicha tierra y a los sujetos que viven en ella les ponen nombres como suecos,
españoles ... y otras extravagancias por el estilo ...
Los que habitan la Tierra poseen la peregrina idea de que son muchos y muy distintos. En una de mis conversaciones con un profesor universitario me indicó que el planeta está superpoblado... cuando todos ellos juntos caben dentro de las fronteras de uno de sus pequeños países ... tampoco pude dar crédito a las palabras de mi interlocutor cuando trató de explicarme que las guerras y otros conflictos del mundo tienen que ver con la diversidad entre los grupos de personas que pueblan la Tierra.
La verdad es que en el año que llevo viajando por la Tierra, en los incómodos y lentos aparatos aéreos de esta gente, he visitado muchas ciudades, pueblos, barrios y todo tipo de poblamiento humano; en todos ellos he encontrado un alto grado de brutalidad, desigualdad y mucho atraso material, pero no diferencias importantes entre las personas.
El ser humano terrestre, en lo fundamental, es muy parecido, después de este tiempo, todavía tengo dificultades para distinguir entre un asiático y un escandinavo: todos me parecen inexpresivos y carentes de una inteligencia profunda.
En cuanto a inteligencia, los seres humanos dejan mucho que desear y me estremezco sólo de pensar el tiempo que aún me queda en su compañía. Por lo que veo y me han contado de su historia, poseen unas normas que llaman derecho internacional y unas instituciones, como la ONU, para evitar guerras. Al parecer no han tenido mucha suerte, pues en el siglo XX ha habido dos guerras mundiales que han causado más de sesenta millones de muertos, y cuando escribo esto hay guerras y matanzas en varios puntos de este desgraciado planeta. Todo ello me lleva a pensar que se mueven más por instinto que por la razón. Estas guerras y matanzas se justifican con ideas políticas y religiosas, que suelen ser muy simples pero muy eficaces para lanzar a unos contra otros. Los humanos tienden a identificarse con colores, consignas, propagandas y todo tipo de invenciones creadas por sus líderes políticos, religiosos, culturales, etc. Es como si necesitaran aferrarse a algo: normalmente se identifican con un Estado-nación y, en general, con el territorio que ocupan y la lengua que hablan. Aunque algunos presuntos intelectuales terrícolas han intentado explicar el apego al territorio y los conflictos armados .... por la similitud que hay entre el comportamiento animal y el humano ... yo no soy partidario de esta opinión y prefiero atribuir tal comportamiento a la locura colectiva que se apodera del género humano cada cierto tiempo. Esta locura no puede tener otra explicación que las curiosas condiciones climáticas que reinan en este extraño y desdichado planeta.
En efecto, la Tierra posee un clima lleno de variaciones estacionales; los cambios bruscos de calor y frío, de lluvia y aridez, trastornan a cualquier ser vivo.
Yo mismo empiezo a sufrir las pasiones de estos seres lamentables. Ayer me sorprendí pensando que, dentro de lo malo, era un consuelo haber sido exiliado a España, país con muchas deficiencias por el que empiezo, sin embargo, a padecer una cierta, debilidad. En fin, las costumbres humanas además de penosas son contagiosas.
Procura dar la razón o quitársela a este curioso observador externo.